Los partidos temen una gran abstención el 26-J

Los partidos temen una gran abstención el 26-J

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La posibilidad de la abstención de los ciudadanos se convierte en el gran rival de para los partidos en las próximas elecciones.

Todos los partidos políticos asumen que el hastío de los ciudadanos se vera reflejado en las urnas mediante el aumento de la abstención.

La baja participación penalizaría a la izquierda en mayor medida, pero también podría frustrar los posibles pactos del PP.

El escenario político que nos deja la primera legislatura fallida de la democracia es, si cabe, aún más incierto que hace 4 meses.

Los partidos políticos tendrán que enfrentar el próximo 26-J un veredicto que sin duda será sumamente crítico, no ya sólo por el posible trasvase de votos de unas formaciones a otras, sino también por una abstención que ya se vaticina elevada.

Pese a que la anterior campaña electoral fue intensa, con un gran desgaste del partido en el poder y con el nuevo mensaje del cambio para la movilización del electorado, la participación el 20-D no fue tan alta como cabría haber esperado. Un 60,97%, lejos del 80% que se alcanzó en las elecciones generales de 1982 que iniciaron las 4 legislaturas de Felipe Gonzalez.

Y ahora, los partidos, y muy especialmente los de izquierdas, temen que una alta abstención pueda lastrar sus resultados electorales. Tradicionalmente ha ocurrido que a mayor participación mejores han sido los resultados para las formaciones de izquierdas, ya que normalmente el PP cuenta, en este sentido, con un electorado más “fiel” en y con las urnas. En la serie histórica de las elecciones de la democracia, y salvo en los comicios de 1996, que dieron la victoria a Aznar, las cifras más altas de participación correspondieron con victorias socialistas.

Se vislumbra mayor abstención

Según las últimas encuestas realizadas, la abstención podría llegar a ser de hasta 5 puntos más que en las anterior convocatoria.

En concreto, Metroscopia, en su última encuesta elaborada para el diario El País, maneja los datos de que la abstención podría superar en 3 puntos a la del 20-D. Algunos partidos políticos, como hemos indicado, manejan datos de hasta 5 puntos. Este incierto panorama político puede hacer que cualquier mínimo dato altere los resultados finales en el tablero político.

Incluso para el PP, que aspira a sumar entre 5 y 7 escaños más que en los anteriores comicios, una mayor desmovilización del electorado tendría un efecto negativo en el sentido de que la política de pactos podría quedar también alterada.

El PSOE marca los actuales 90 escaños como el umbral entre el éxito y el fracaso en los próximos comicios. Un resultado que, sin duda, representa el peor resultado histórico del partido. La supervivencia política de Pedro Sánchez está directamente relacionada con lo que suceda el 26-J.

PSOE y Ciudadanos rompen su pacto.

El Partido Socialista se ha apresurado a indicar que rompe su pacto con Ciudadanos, sin esperar siquiera a la disolución de las cortes, ya que consideran los socialistas que podría resultar un importante lastre para la nueva campaña, y podría ser incluso usado por Podemos para “derechizar” al PSOE.
La confluencia Podemos-IU es el único cambio en el actual escenario electoral con respecto a hace 5 meses atrás. Y de esa confluencia depende en gran parte el futuro del PSOE. Si, como se ha cansado de repetir Pablo Iglesias, un “pacto a la valenciana” es posible, es probable que en esta ocasión los más críticos con Pedro Sánchez por intentar un gobierno con Podemos relajen su veto y esta vez sí permitan un gobierno de izquierdas. Sánchez ya advirtió a los hombres fuertes de su partido en el Comité Federal, que sólo descarta de antemano un “gobierno de gran coalición” con el PP.

La abstención es también un enemigo complicado para los emergentes.

Esto es así porque es precisamente el electorado más joven el más crítico en las urnas.

Por su parte Ciudadanos teme que el votante popular que en su día confió en ellos como alternativa vuelva ahora a sus orígenes al sentirse defraudado por el intento de entendimiento del partido naranja con el PSOE.

Por su parte Podemos, continúa en negociaciones con IU para buscar un acuerdo electoral. La formación morada ve en esta colaboración una forma de penetrar en zonas que aún se le siguen resistiendo, como el ámbito rural, en el que IU le lleva mucho adelanto. Pero como apunta Íñigo Errejón este acuerdo no debe entenderse en términos absolutos, pues nada garantiza que el electorado más izquierdista no penalice este acuerdo y sin alternativa clara no acuda a las urnas.

Pablo Iglesias trata de contrarrestar ese posible efecto ampliando ese posible acuerdo a otras formaciones de izquierdas, es decir, a varios partidos nacionalistas autonómicos. Pero esa colaboración electoral deberá de superar la defensa de la identidad de cada uno de esos partidos.

Ahora sólo nos queda esperar y ver si la abstención hace mella en la población en las próximas elecciones generales del 26-J.

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